Durante mucho tiempo pensamos que la innovación cosmética venía exclusivamente de Europa o Asia. Sin embargo, México posee una biodiversidad extraordinaria que pocas veces aprovechamos en todo su potencial.
Lo que más admiro de la cosmética coreana es su capacidad para tomar ingredientes tradicionales y transformarlos en productos innovadores respaldados por investigación científica. El arroz fermentado es un ejemplo perfecto de ello.
En México tenemos ingredientes igual de interesantes. El cempasúchil, el cacao, el agave, el nopal, la vainilla o el camote silvestre forman parte de nuestra historia y poseen compuestos bioactivos con gran potencial cosmético.
Imaginen una filosofía coreana aplicada a ingredientes mexicanos: fermentos vegetales obtenidos de cultivos locales, extractos ricos en antioxidantes y fórmulas ligeras adaptadas a nuestro clima.
Creo que el futuro de la cosmética mexicana está precisamente ahí. No en copiar tendencias extranjeras, sino en aprender de ellas para desarrollar productos con identidad propia.








